lunes, 24 de octubre de 2011

Enfermedades nutricionales importantes de las ponedoras


Tomado de elsitioavicola.com

Claudia Dunkley, investigadora avícola de Extensión de la Universidad de Georgia, nos aconseja sobre las causas y prevención del raquitismo, la fatiga de jaula y el síndrome del hígado graso en Commercial Poultry Tips.
Con mucha regularidad se analizan las enfermedades patógenas que pueden infectar y rápidamente diseminarse a través de una parvada de gallinas, pero también existen los trastornos nutricionales y metabólicos que pueden no ser infecciosos, pero que si no se identifican y tratan sus síntomas pueden diseminarse rápidamente a lo largo de toda la parvada.

Raquitismo

El raquitismo está causado por una deficiencia o desequilibrio del calcio, Vitamina D3 o fósforo circulantes. La enfermedad sucede cuando existe un desequilibrio de estos nutrientes o si la dieta es deficiente en cualquiera de ellos. Algunos medicamentos y las toxinas de hongos también pueden causar el raquitismo. La condición resulta en huesos suaves, que a menudo se doblan, por lo que de esta manera se restringe la capacidad del ave de ponerse de pie y caminar.

El raquitismo se puede prevenir o tratar si la condición se diagnostica a tiempo. Para que suceda la calcificación normal del hueso, el calcio y el fósforo se deben suministrar en cantidades adecuadas y también se necesitan suministrar en la relación correcta uno al otro (2:1). Si hay demasiado o muy poco de estos minerales, puede dar como resultado el raquitismo.

La vitamina D3 es importante porque regula la absorción del calcio.

Las micotoxinas son las toxinas producidas por los mohos u hongos, que pueden tener efectos perjudiciales sobre las aves, entre lo que se incluye la interferencia con la absorción de nutrientes. El raquitismo inducido por las micotoxinas se puede tratar sustituyendo el alimento contaminado con esas toxinas y suplementando con Vitamina D3 a niveles de tres o cuatro veces arriba de lo normal.

Fatiga de jaula

La fatiga de jaula (CLF, por sus siglas en inglés) se observó por primera vez a mediados del siglo XX, poco después de que los productores de ponedoras empezaron a alojar a las gallinas de postura en jaulas. Aunque las dietas de gallinas ponedoras están formuladas específicamente para ser completas desde el punto de vista de la nutrición, la fatiga de la ponedora enjaulada se describe como una enfermedad nutricional, además de que es una causa importante de muerte en gallinas ponedoras alojadas en jaulas.

Esta condición por lo general sucede en aves alrededor del pico de producción de huevo, la cual puede también relacionarse con la osteoporosis, una condición que hace que se hagan quebradizos los huesos.

La principal causa de la CLF se cree que sea el agotamiento de los almacenamientos corporales de calcio, generalmente como resultado de un retraso en la alimentación de alimentos altos en calcio durante la alta producción. La condición puede también darse por una disfunción metabólica que perjudique la absorción de calcio o la calcificación del hueso durante la etapa de producción.

Las aves que sufren de CLF van a perder el control de las patas y se van a recostar de lado. Generalmente no existe la pérdida en la producción de huevo ni de la calidad del cascarón o del interior del huevo. Algunos huesos se pueden fracturar y algunos se rompen cuando se manipula a las aves.

Debido a que la condición es más prevalente en las gallinas en jaulas que las que están en corrales en el suelo, el ejercicio puede desempeñar un papel importante en la prevención y tratamiento de esta condición.

Las gallinas se van a recuperar si se cambian de las jaulas y se les permite caminar normalmente en el piso.

Se ha observado que la CLF es más prevalente en las jaulas con una sola gallina que en las jaulas con múltiples gallinas, ya que estas aves en la jaula van a ejercitarse más cuando compiten por el alimento y el agua.

La alimentación de las gallinas con una dieta con las proporciones correctas de calcio de forma oportuna, va a permitir el agotamiento del calcio de los huesos medulares.

Síndrome del hígado graso

El síndrome del hígado graso es uno de los trastornos metabólicos más importantes que se observan durante los periodos de alta producción en las gallinas ponedoras. Se describió por primera vez en la década de 1950 como la grasa excesiva en el hígado relacionada con diversos grados de hemorragias.

La causa real de la enfermedad todavía no es clara; con regularidad el primer signo es un incremento en la mortalidad de la parvada. Hay varios factores que pueden causar un aumento en la acumulación de grasa en los hepatocitos, entre los que incluyen una alta producción de huevo, toxinas, desequilibrios nutricionales, consumo excesivo de dietas altas en energía, deficiencia de nutrientes que movilizan la grasa del hígado (agentes lipotrópicos), desequilibrios endócrinos y componentes genéticos.

El síndrome del hígado graso en pollos es el resultado de una acumulación excesiva de grasas cuando el transporte de lipoproteínas se trastorna. El hígado es el principal sitio de la síntesis de lípidos en las especies aviares, el cual es muy activo en las hembras adultas que están produciendo huevos.

Al hacer necropsias en las gallinas muertas por el síndrome del hígado graso, se va a revelar que las aves tienen un hígado agrandado y pálido (el color amarillo pálido del hígado también puede ser el resultado de las xantofilas de la dieta). Las aves afectadas también van a presentar crestas pálidas. Los hepatocitos están distendidos con vacuolas de grasa y hemorragias de diferentes tamaños. La cavidad abdominal de las aves contiene grandes cantidades de grasa.

El síndrome del hígado graso sin grasa excesiva está relacionado con micotoxinas en el alimento. Un hígado graso va a contener alrededor del 55 por ciento de grasa, en contraposición con un hígado normal que tiene 36 por ciento de grasa. La muerte generalmente ocurre por la ruptura del hígado junto con fuertes hemorragias.

El síndrome del hígado graso se da en aves que están en un balance energético positivo (esto es, una sobreoferta de energía) por lo que se puede usar el monitoreo del peso corporal para diagnosticar la enfermedad. La modificación de la dieta se puede usar para prevenir o tratar este síndrome.

A menudo es benéfica la sustitución del maíz con otros granos como el trigo o la cebada. El uso de subproductos tales como los granos secos de destilería con solubles (DDGS), harina de pescado, cascarilla de avena y harina de alfalfa puede reducir el síndrome del hígado graso.

La mejor manera de prevenir este síndrome es evitar un balance de energía positivo excesivo en las aves viejas. El peso corporal se puede monitorear cuando se observan algunos problemas potenciales. Cuando se observa un aumento en el peso corporal, deben tomarse medidas para limitar el consumo de energía con la alimentación de dietas de energía más baja o el cambio en el manejo de la alimentación.

Conclusiones

El raquitismo, la fatiga de jaula y el síndrome del hígado graso son enfermedades nutricionales que afectan a las gallinas ponedoras y que pueden representar un alto porcentaje de la mortalidad de la parvada.

La dieta de las gallinas ponedoras está específicamente formulada para ser completa desde el punto de vista de nutrición, no obstante, la existencia de estas enfermedades es prevalente, en especial en gallinas en alta producción, además de que la tasa de mortalidad en las parvadas puede ser alta.

En la actualidad, se puede hacer poco para evitar estados tales como la osteoporosis en gallinas ponedoras alojadas comercialmente en sistemas de jaulas. La enfermedad se puede considerar como una enfermedad de producción, por lo tanto, las mejores prácticas de producción pueden mejorar la salud de la parvada.

La alteración de la dieta con la sustitución de parte del maíz con un ingrediente de energía más baja como el salvado de trigo, puede ayudar a tratar el síndrome del hígado graso.

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